lunes, 15 de octubre de 2012

Reunión de vecinos: Orden del día (1)





- Señoras, señores. Les pido silencio. Como apreciarán, mi garganta no está en sus mejores momentos.

- Ni tu ropa, Maxy.

- Ni tu cara, tío.

- Por favor. A mí me apetece tan poco como a vosotros estar aquí, pero todos sabíamos que había unas reglas cuando aceptamos el trabajo y el sueldo.

- ¿Sueldo? No me hagas reír. Con lo que nos paga no alcanza ni para una soga.

- Anda, anda, Tortuga, no te hace falta ahorcarte. Esa labor ya la tienes hecha. Los demás, nada de risas, ni de parloteo, cuanto antes empecemos, antes terminaremos.

- Pues empieza de una vez. No he visto tantos preliminares ni en una telefilm de sobremesa.
- De acuerdo, de acuerdo. El primer punto del orden del día, y también me gustaría saltármelo, es repasar las normas de convivencia. Estos días ha estado llegando gente nueva al edificio y han surgido algunos malos entendidos.

- De eso nada. El tío de la trompeta no nos deja dormir.

- ¡Es verdad! Y esa niña, la recién llegada de las coletas se pasea medio desnuda a cualquier hora.

- Ellos también tienen sus quejas. Alguien ha cortado a tiras todos los vestidos de la reina del Glam… No recuerdo su nombre, han sido muchas incorporaciones en poco tiempo. Y un hombre ha estado mandando anónimos a la señorita rompecorazones. Así que nada de echarles la culpa a ellos de todo lo malo. Aquí hay para todos.

- ¿Sabe algo de esto la jefa?

- No, está en la inopia ¿Por qué crees que tengo que leeros esto en voz alta?

- ¡Sin numeritos, Max! Con que lo pegaras en una pared valdría. Todos los presentes saben leer.

- Lleva colocado en el tablón de anuncios desde que os mudasteis y no le habéis hecho maldito el caso, así que a callar y tomad nota. El que incumpla el reglamento tendrá problemas ¿estamos? ¿sí? Bien, pues allá va:

En primer lugar, la finca El Espejo estará habitada únicamente por los titulares de uno o varios relatos cortos de los aparecidos en la antología “Inquilinos del espejo”, publicada el día tres de julio de 2012 en Amazon. Esto quiere decir que habrá una única vivienda habilitada para todos los actores del mismo relato. Como sabéis, cada vivienda está perfectamente acondicionada para cobijar a una o varias familias, así como a personas solas y mascotas.

No se admitirá que los inquilinos de ninguna de las viviendas se trasladen a otra. Ni siquiera con el consentimiento de los ocupantes de la segunda. Por motivos de seguridad, coherencia y verosimilitud, cada vivienda constituye un ecosistema estanco.

Sin embargo, los inquilinos pueden hacer libre uso de los espacios comunes: la piscina, el solárium, el cuarto de lavar, la terraza y las canchas de baloncesto. La casera se reserva el uso exclusivo del cuarto de calderas, que espera poder ceder a un invitado de honor y antiguo amigo de la familia apellidado Krueger.

Todos los inquilinos tienen los mismos derechos y obligaciones, que se derivan directamente de su naturaleza individual y de las circunstancias de su nacimiento y desarrollo; es decir, harán o dejarán de hacer según lo que digan sus respectivos relatos.

- ¡No es justo!

- No, no es justo: en la puerta de al lado vive un matrimonio que tiene la misma discusión noche tras noche.

- Yo oigo disparos y gritos lastimeros ¡Estoy harta!

- O sea, que no podemos hacer callar al tío nuevo de la trompeta ¿no?

- No, no podéis. Cada uno tiene bastante con lo suyo. Intentad dejaros en paz los unos a los otros.

- Pero las personas que han estado llegando…

- ¿Si, Malcom?

- De momento se alojan en las carpas que habéis montado en el patio trasero. No tienen un piso asignado.

- No, de momento no.

- Así que si alguno de ellos me persigue recitando versos absurdos o contoneándose como una imbécil, le puedo dar un soberano bofetón.

- Yo no lo haría.

- Tú no tienes que cargar con ellos. Además ¿Por qué no?

- Bien, ese es el segundo punto del orden del día.

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