lunes, 26 de noviembre de 2012

Cultura - Kuchisake onna


La imagen es de...



Por supuesto, me he pedido la sección más gafapasta del periódico. Así luzco un poco de neurona y de mi capacidad para la búsqueda en Google, que es en lo que se ha convertido la cultura en estos tiempos.

Cultura del horror, se entiende. No en vano tengo una tesis íntima y personal sobre la mitología vampírica a nivel mundial. Los hay que se emocionan con Star Wars. A mi me dio por la sangre y las lágrimas. El sudor lo trabajo poco, la verdad.

Hablamos hoy, pues, de Japón. El terror japonés estuvo de moda hace unos años gracias a la niña aquella que salía de la tele: Sadako, se llamaba. No-vivía en un pozo porque su madre se había cansado de esa manía suya de matar caballos -la película es tan confusa que da la sensación de que lo único que tiene la niña es una especie de equinofobia extrema-. The ring, hablo de The ring. La señal, el anillo, lo que sea. 

Pero la mitología japonesa, sus leyendas y sus fantasmas son muy ricos. Los hay para todos los gustos. Lo que más llama la atención a una pobre española criada en Valladolid y por lo tanto imbuida de la cultura católica desde la cuna, es lo específico del panorama fantasmil japonés. Tienen nombres propios para su par de docenas de fantasmas y eso sin ir mucho más allá de la Wikipedia. Hoy nos ocupamos de Kuchisake onna.

Cuenta la leyenda que en un árbol se encontraba encaramado un indiecito guaraní...

Y luego está la leyenda que nos interesa: Una vez un samurai se casó con una mujer tan bella como vanidosa e infiel. Cada vez que el samurai salía de casa a hacer sus cosas de samurai, a cortar sus cabezas de traidores y a luchar por lo que sea que luchen los samurais, esta esposa suya le engañaba con otro. Deduzco yo que sería con un no-samurai, porque en las películas cuando uno va a la guerra van todos en plan Fuenteovejuna.

El samurai se cansó de soportar la cornamenta y, el muy ladino, se las apañó para sorprender a su mujer en plena felonía. Así las cosas, desenvainó su katana y le cortó la cara, desde los labios hasta las orejas. Nosotros tenemos un personaje muy a juego: el Joker.

La mujer muere entre terribles dolores y, por supuesto, con una gran cantidad de odio en su corazón. Esto le da billete de vuelta al mundo de los vivos en forma de fantasma vengativo. Ahora en japón los hombres se las tienen que ver con una bella desconocida que cubre la parte inferior de su rostro con una mascarilla (sí, yo también creo que los fantasmas japoneses y Michael Jackson son sospechosamente parecidos). Esta extraña les pregunta si creen que es bella. Cuando el hombre contesta, ya se puede dar por muerto. Si contesta que sí, la mujer se quitará la máscara, el otro se asustará y ya no será capaz de contestar con corrección la segunda vez que se lo pregunte. O sea: muerto. Si contesta que no, muerto. Si contesta que sí y luego que sí: muerto -caprichos de la fonética japonesa, según la cual hermosa y cortar suenan parecido-. 

Al parecer hay un par de maneras de librarse de Kuchisake onna: se le pueden ofrecer dulces o se le puede decir que está uno muy ocupado. Los espíritus nipones conservan los buenos modos de los vivos.

En mi versión los acontecimientos se suceden de diferente manera...



Kuchisake onna



- ¿Te parezco hermosa?

Haku miró sus ojos como si fueran los primeros que veía: negros igual que el mar a media noche, carentes de pestañas. Ella inclinaba el rostro, adelantado hacia él. Se ofrecía con una sonrisa adivinada tras la mascarilla.

- ¿Es que no te parezco hermosa?

Haku desprendió de su recuerdo el cadáver mutilado de Takeshi. Aquel cabello largo, brillante, sedoso, oscuro como el fondo de un abismo, exigía una caricia. Al menos una. Ansioso, retuvo su mano junto a la costura de los vaqueros.

-¿No soy bella?

Takeshi siempre decía a las desconocidas lo que querían oír. Ellas nunca le pedían nada a Haku. Nadie quería nada de Haku excepto reírse de su torpeza. Permitió a su mano, crispada de deseo, alzarse hacia la barbilla tendida aún hacia él. Rozó la tela basta con los dedos hasta llegar al lóbulo de la oreja. Con toda la delicadeza de la que fue capaz, la separó del rostro que cubría.

- ¿Te parezco hermosa ahora?

Haku no se sorprendió por los cortes ensangrentados que corrían desde la comisura de los labios hasta el nacimiento del pelo. No se asustó cuando un odio frío, ancestral, le golpeó en el pecho. No retrocedió ante el gesto amenazador del fantasma.

- Lo único que sé –dijo mientras la tomaba por la cintura.- Es que quiero que te quedes conmigo. Para siempre.

2 comentarios:

Alejandro Morales Mariaca dijo... at 26 de noviembre de 2012, 23:17

Genial

Alicia Pérez Gil dijo... at 27 de noviembre de 2012, 9:50

Gracias!!

Publicar un comentario

 
Con la tecnología de Blogger.

Seguidores

POR CORREO