lunes, 19 de noviembre de 2012

El señor del agujero: Antonio Ayala


Intentó ocultarlo, pero no me conocía. Ni a mí ni a mis contactos en los bajos fondos, así que cuando se descolgó por la redacción con ese aire de tipo duro se me ocurrió tomarle un poco el pelo. Ya os dije ayer que me gusta la insolencia, así que me propuse probar hasta donde llegaba la suya.

- Chaval, esa puerta tiene que durar. 

Ni siquiera miró hacia atrás, aunque era evidente que la pared había sufrido con el golpe. Soltó unas páginas sobre mi escritorio y se bebió de un trago el contenido de mi vaso. Hizo lo que pudo por aguantar el tipo, pero le lagrimearon los ojos.

-¿Qué me traes?

- Es bueno.

- ¿Lo es? ¿Mejor o peor que esos raps tuyos que he encontrado por ahí?

- No sé de qué me hablas...

- Mira, hijo. A mí me da igual lo que hayas hecho en el pasado, pero no vengas aquí dándotelas de nada.

- Era joven, no sabía lo que hacía.

- Todos hemos sido jóvenes. 

- Luego escribí una novela.- No os llevéis a engaño. Recuperó el aplomo enseguida y continuó con su discurso. No sabría decir si lo traía aprendido, pero a mí me convenció-. Estaba llena de explosiones, robots, zombies y el protagonista estaba pirado...

- ¿Y luego?

- Bueno...

- No te molestes en ocultarlo: Escribiste otra novela, esta sin zombies, y ganaste un premio. Lo dice aquí: http://www.que-leer.com/15810/antonio-ayala-gana-el-v-premio-volkswagen-que-leer.html

- Vale sí. Gané ese premio. 

- Pues déjate de tonterías y dilo. Tengo aquí todo tu dossier:


twitter      @azidoh

Lo que dicen por ahí de ti...

Y ya he leído ese cuento tuyo. Eso del señor del agujero ¿Con quién crees que estás hablando? ¿Con una becaria del Vogue? Esto es La voz del espejo. 

- ¿Pero lo va a publicar o no?

Me levanté de mi silla, más desvencijada aún que la puerta que había golpeado el señor Ayala a su entrada y saqué un segundo vaso del salón. Juzgad si me equivoqué al aceptar su relato...


CalaveraDiablo

El señor del agujero


Esta es una de esas historias reales que hacen que la gente tenga miedo sin motivos. Algunos se atreverían a cuestionar su veracidad; eso es porque no la han escuchado de los labios adecuados.



Lo primero es explicar que yo tengo, ahora mismo, cinco sobrinos. Carlos y Miguel, de mi hermana la mayor; Willy, de mi hermana la pequeña; y Sergio y Daniel de mi hermana mediana. Esta historia tiene que ver con mi hermana mediana y sus dos hijos. Cuando sucedieron los acontecimientos el mayor, Sergio, tenía tres años y el pequeño, Dani, tenía solo un añito y medio... Lo justo para hablar un poco. 

El primer suceso ocurrió en la cocina del chalet de mi hermana. Si no me equivoco, era invierno y ya se había hecho de noche. Mi hermana estaba haciendo la cena mientras mis dos sobrinos jugaban en la cocina con sus coches, motos y Gormitys. Sin venir a cuento, mi sobrino el pequeño se levantó de donde estaba sentado e ignorando las reprimendas de su hermano por dejar sus juegos a medias, se dirigió a hacia la puerta de la cocina. Estaba abierta y dejaba a la vista el pasillo, que estaba a oscuras. Mi sobrino caminó hacia el umbral de la puerta y se paró, mirando fíjamente hacía la penumbra del pasillo. Mi hermana, al darse cuenta, le preguntó qué estaba haciendo. Dani se limitó a levantar su brazo, señalar al pasillo oscuro y vacio y decir: señor. Tras un momento de incertidumbre, mi sobrino retomó los juegos y mi hermana no le dio más importancia.

Cuando eres una madre con un hijo de año y medio, estás sola con él y tienes que ir al baño... símplemente te lo llevas para que no esté solo por la casa, liándola. Pues unos días después mi hermana estaba en esta situación con Dani. Solos en casa por la noche porque mi cuñado y el mayor habían ido a nosedonde. La cuestión es que de pronto comenzaron a escuchar portazos en la casas; era como si todas las puertas y ventanas hubiesen comenzado a abrirse y cerrarse de golpe. Mi hermana, que nunca destacó por su valor, se asustó; pero el niño no pareció temer nada. En eso que el niño, al ver la expresión de miedo de mi hermana coge y la pregunta:

- Mamá... ¿qué es eso?- refiriéndose a los ruidos.

-Pues debe ser que Papa se ha dejado una ventana abierta, y la corriente esta sacudiendo las puertas, Dani.- Contestó ella tratando de convencerse a sí misma.

- No.- Respondió tajante mi sobrino- Es el señor del agujero.

Pasaron unos días y mi hermana estaba en el baño lavando a mis sobrinos. Mi cuñado aún no había llegado a casa. Entonces sonó el timbre y mi hermana se asomó por la ventana del baño que daba a la puerta principal; pero no había nadie. Cuando volvió a la bañera, mi sobrino el pequeño le preguntó:

- Mamá... ¿quien era?
-Pues ha debido de ser alguien que se ha confundido; porque ha llamado y se ha ido, Dani- Contestó mi hermana temiendo la inminente respuesta.
-No. - Dijo mi sobrino seguro de si mismo.- Es el señor del agujero.

Mi hermana, que tiene muy buena relación con las vecinas de la calle, un día se lo contó a las demás mujeres y ellas, tomándoselo a pitorreo, comenzarón a bromear. Estaban en el salón de mi hermana tomando café cuando a una de ellas se le ocurrió la feliz idea de coger a mi sobrino y preguntarle:

- Dani, Cariño... ¿esta aquí el señor del agujero?

-No.- Contestó el niño.
- ¿Y donde está? 
- Esta... - Mi sobrino señalo a la ventana.- En la calle dando saltos...

Todas miraron atemorizadas por la ventana y lo único que vieron fue una bolsa de Mercadona revoloteando por el aire; nada que asuste a menos que caigas en el detalle de que no hace ni una pizca de viento….


La sugestión producida por todo esto hizo que mi hermana estuviera un poco más susceptible de lo habitual. Hasta que un día, mientras acostaba al niño, oyeron un ruido en la buhardilla. Mi hermana se metió en la cama de mi sobrino y lo abrazó. Entonces se le ocurrió preguntarle si estaba allí el señor del agujero. Mi sobrino no se había puesto nunca nervioso al pensar o hablar sobre el señor del agujero pero aquel día comenzó a agitarse y a mirar preocupado a todos lados, revisando la habitación. Hasta que al final se quedo tranquilo y le dijo a mi hermana que no.

 Tras algunas semanas sin incidentes, Eva decidió contárselo a mis otras hermanas en una comida familiar y Elena, más lista que nadie, decidió preguntarle al niño por el señor del agujero.

- Dani ¿Está aquí el señor del agujero?

- No.- Contestó mi sobrino mientras jugaba.

- ¿Y donde está?

 Mi sobrino  se quedó pensando como si tratase de recordar algo y finalmente contestó:

- Se ha ido.-Siguió pensativo y añadió antes de seguir jugando con sus muñecos- Se ha ido al cielo.

Tras esto no volvió a mencionar ni hacer referencia al señor del agujero. Tampoco volvió a suceder nada en casa de mi hermana. La cuestión es que todo esto coincidió con el inicio del miedo a la oscuridad de Sergio, el hermano mayor de Dani. Sergio no se atrevía a estar oscuras en ningún lado y bajo ninguna circunstancia... A menos... Que Dani estuviese con él.

 En cualquier caso yo seguí dándole vueltas al concepto de señor del agujero ¿Señor del agujero? ¿Un señor que sale de un agujero? Lo de señor llegué a la conclusión que tenía que ver con los dibujos animados de los Gormity, de los que mis dos sobrinos son fans incondicionales. En estos dibujos existen personajes que son el señor del agua, el señor del aire, el señor del bosque, el señor de la luz, el señor de la oscuridad... Me pareció lógico que lo de que fuese “señor de...” lo sacase de estos dibujos; pero en ellos no hay ningún señor del agujero. Entonces ¿Por qué señor del agujero? ¿Qué agujero?  
  
Antonio Ayala
Un par de meses después salimos de dudas. Resulta que un día mi sobrino se pegó con otro niño en la guardería y cuando mi hermana fue buscarle descubrió que se había hecho una terrible herida en la rodilla. Mi hermana, en su línea de madre cariñosa le dijo:

- Cariño... ¿te has hecho una pupa, Dani?

Y mi sobrino, sin inmutarse lo más mínimo,  le contestó:

- No... Me he hecho un agujero 


1 comentarios:

Anónimo dijo... at 19 de noviembre de 2012, 8:23

Tssssssss Da escalofríos...

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