viernes, 7 de diciembre de 2012

Internacional: Una vuelta de tuerca



Una vuelta de tuerca

Ni la muerte, ni la fatalidad, ni la ansiedad, pueden producir la insoportable desesperación que resulta de perder la propia identidad.                                                                                
   H. P. Lovecraft

Nacho de Marcos

Cthulhu desciende del transporte bio-multidimensional que lo llevara de su hogar en R´lyeh a la ciudad de Arkham, donde dentro de pocos minutos debe reunirse con Azathoth, su editor, para discutir los detalles de su último relato, «La llamada de Lovecraft». Tal como puede ver, la ciclópea ciudad de Arkham no ha cambiado demasiado desde la última vez que la visitara algunos eones atrás, con sus megalíticos y caprichosos edificios de geometría no euclidiana cubiertos de limo verdoso, con sus negros y elefantinos shugorans tocando jazz en las esquinas y sus shoggoths callejeros buscando alimento en los basureros.

            Tras caminar un par de calles Cthulhu por fin llega ante el milenario edificio de piedra negra y demoniacos arabescos en cuyo interior se encuentra la editorial Alhazred, la cual durante los últimos siglos ha deleitado a los Primigenios con los más sorprendentes y aterradores cuentos de horror terrestre.

El Primigenio asciende por una gran escalera de ángulos extraños hasta llegar al último piso del edificio. Finalmente alcanza una inmensa estancia en la que antiguas y prodigiosas manos crearon una megalítica sillería con incrustaciones de ónice. Es la sala de espera. En ella puede ver a algunos de sus colegas escritores esperando su turno para ver al despiadado e idiota Azathoth. Allí está Hastur, quien ha alcanzado moderado renombre con su cuento «El retorno de Derleth»; un poco más allá Tsathoggua, somnoliento y sonriendo estúpidamente como de costumbre, es un reconocido pintor y escritor de extraños relatos protagonizados por el brujo Ashton-Smith. Del otro lado descubre a los hermanos de Tíndalos, tan famélicos y hambrientos como siempre, seguramente llevan el borrador de su ultimo relato sobre viajes psicotrópicos. Desgraciadamente también está allí el impertinente de Y´golonac.

—¡Iä! ¡Iä!, Cthulhu —saluda el aludido.
—¡Iä! ¡Iä!, Y´golonac —responde con disimulada molestia el nativo de R´lyeh.
—¿Traes un nuevo escrito?
—Sí, bueno, uno tiene que comer.
—Cierto, cierto. ¿Qué traes entre manos?
—Una que otra idea. ¿Aún sigues casado con Shub-Niggurath? —pregunta Cthulhu sin interés real.
—Ya lo creo que sí. Pero vamos amigo, comparte algo conmigo, tengo mil hijos que alimentar.
Y´golonac está resultando ser bastante molesto y Cthulhu comienza a sentirse atosigado, afortunadamente en ese momento la secretaria de Azathoth mueve un gelatinoso y pálido apéndice en su dirección.
—El señor Azathoth lo recibirá ahora. —le dice.

Cthulhu se levanta sin despedirse, atraviesa el plateado umbral y llega ante su editor. Dentro de la oficina el calor es intenso, agobiante, tanto que al instante reseca su protoplásmica piel. En el centro de la habitación, Azathoth blasfema y burbujea, es un caos nuclear de estrés y mal humor.

Cthulhu toma asiento y entrega con garras temblorosas su manuscrito. Azathoth lo examina con su aborrecible inteligencia conectada a órganos extraños y nauseabundos. El dios-pulpo se agita nervioso en su silla, la garganta seca por el calor nuclear.

            —¡Maravilloso! —balbucea el editor-dios— Otra magnifica creación, la «Llamada de Lovecraft» será sin duda un éxito entre nuestros lectores. Sigue así Thuly, sigue así. Pronto me pondré en contacto contigo para ultimar detalles.

Satisfecho del éxito obtenido, Cthulhu regresa a R´lyeh. En su negra y mefítica morada se coloca frente a su máquina de escribir y utiliza sus tentáculos para teclear su próxima historia. Imagina un pequeño pueblo costero en el que los Profundos viven plácidamente. Una noche seres “no escamosos” surgen del océano a bordo de extraños vehículos de geometría euclidiana. Los aterrados Profundos corren por las calles y se esconden en sus casas implorando a Dagon, pero su dios permanece impasible. Los invasores son demasiados, y a la luz de la luna muestran su verdadera forma, son «primates psicópatas» que portan extraños instrumentos que respiran humo y vomitan acero, con los que hacen llover la muerte sobre los inocentes seres ictios. Las maquinas de los invasores, impulsadas por poderosa ciencia, son implacables en la destrucción de sus hogares y refugios, aún de los subacuáticos. Cuando el amanecer llega, el pequeño pueblo de Innsmouth arde en llamas, dos terceras partes de sus habitantes masacrados, el resto son apresados y esclavizados. Tanta muerte, tanto horror.

Gustavo Raga Pascual

Cthulhu deja de teclear. Será otra gran historia. Cansado más allá de lo creíble se dirige a su habitación, retira los percebes de su cama y se recuesta en ella. Duerme y sueña, sueña con poetas y pintores de apariencia simiesca. El sueño se torna pronto pesadilla. En ella, uno de esos simios lampiños, de alargado y sombrío rostro, escribe incansablemente sobre un papel. De algún modo Cthulhu puede ver lo que el primate garabatea, es una historia, pero no cualquier historia, en ella las palabras hacen del verdoso escritor un monstruo acuático que gusta de atormentar y devorar toscos primates marineros, nada más que un mal chiste cósmico.

Sólo que no es un chiste. Su pesadilla se ha convertido en el teatro de los horrores de una potencia exterior a él. Desesperado intenta despertar, pero mientras más escribe el simio más se siente perder en los pozos de un sueño que ya no le pertenece. Mientras su ser consciente se va disolviendo, Cthulhu aterrorizado se sabe más muriendo que durmiendo. En un último instante se sorprende mirando los obscuros ojos del simio, este abre la boca y en una frase abre abismos de demencia para él.

El simio sentencia: «No está dormido lo que eternamente puede soñar, y con el paso de extraños evos, el soñador deja de despertar». 

GLOSARIO PARA PROFANOS:

Cthulhu: deidad más conocida del panteón cósmico creado por el escritor H. P. Lovecraft. Es un ser monstruosamente gigantesco de cabeza de pulpo, cuerpo antropoide y alas de dragón en la espalda. Yace muerto, pero soñando, en la ciudad sumergida de R´lyeh, desde donde pude comunicarse a través de sueños con ciertos individuos sensibles a su llamado. Su primera aparición es en el relato la Llamada de Cthulhu.

R´lyeh: ciudad sumergida y hogar de Cthulhu, se ubica en algún punto cerca de las islas Ponape. Su primer mención es en el relato La llamada de Cthulhu, y a partir de entonces es muy mencionada por otros escritores del Circulo de Lovecraft.

Arkham: ciudad ficticia de Nueva Inglaterra, creación de H. P Lovecraft y en la cual ambienta gran parte de sus relatos. Es una mezcla de estilo victoriano y europeo (principalmente holandés). En ella se ubica la Universidad de Miskatonic, centro neurálgico de varios relatos en el universo creado por Lovecraft.

Azathoth: Otra de las deidades de Lovecraft, y aparentemente la principal en su cosmovisión. Es un ser amorfo que eternamente blasfema y burbujea en el centro del universo, animado por un grupo de flautistas sin cuerpo que entretienen su mente trastornada. Es ciego e imbécil. Se le menciona en diferentes relatos.

Shugorans: creatura antropomórfica con características elefantinas de color negro. Es el ángel de la muerte de una tribu perdida de Asia. Es creación del escritor T. E. D. Klein y aparece en su relato Un negro con saxofón (conocido en otras traducciones como Un negro con trompeta).
Alejandro Morales

Shoggoths: creaturas inventadas por Lovecraft. Aparecen por primera vez en su relato En las montañas de la locura. Son seres sin forma definida y de material protoplasmático, lo que les permite generar miembros a voluntad y alterar su masa y volumen. Fueron creados por la raza de los Antiguos en la prehistoria de la Tierra como sirvientes. 



0 comentarios:

Publicar un comentario

 
Con la tecnología de Blogger.

Seguidores

POR CORREO