lunes, 10 de diciembre de 2012

La caja de Pandora: Frankenstein




Buenos días, señoras y señores. Me llamo Pandora. Ya se lo dije hace unos días. Y hoy les voy a hablar de mi amigo Franky; por eso me he vestido así ¿A que estoy guapa?

Ilustración: Jesús Guzmán
Hace un montón de años, una señora inglesa que se llamaba Peggy Webling, escribió una pieza de teatro que se basaba en una obra de otra señora inglesa que se llamaba Mary Shelley. Mary había publicado una novela acerca de un científico que creaba un monstruo, pero no le había puesto nombre.  A mí me parece una falta de consideración tener bebés y llamarles bebé; y creo que a Peggy también se lo parecía, por eso fue la primera en llamar a la criatura igual que a su padre: Frankenstein. Yo prefiero Franky porque es más corto.

Franky no tuvo mucha suerte. El profesor, tenía muchas ganas de ser papá. Y hasta se iba a casar, pero por aquel entonces estaba un poco feo tener hijos antes del matrimonio, así que su novia no le pudo ayudar en lo de loa bebés. De todas maneras, como era muy listo y  muy aplicado, fue reuniendo piezas de cuerpos humanos: un brazo aquí, una pierna allá, un ojo de un sitio, la boca de otro… Nadie supo nunca de dónde había sacado el profe todas las cosas. Bueno, menos una. Se sabía que el cerebro era el de un criminal. Y ese detalle de nada fue lo que le fastidió la vida a Franky.

La cuestión es que al pobre le conectan y le dejan encerrado en un sótano. Claro, así es normal que se enfade. Yo no creo que fuera por lo del cerebro del asesino. Creo que es muy injusto que los papás tengan hijos, no los cuiden ni los quieran y luego les echen la culpa de las cosas. No, no. Eso no está bien. Yo porque he salido buena, que si no…

Por ejemplo, el caso de la niña del lago: ella estaba allí tranquilamente, echando flores al agua para verlas flotar. Y Franky quería jugar con ella, así que la ayudó a recoger las flores y a tirarlas al agua. Pero luego las flores se acabaron ¿no? Pero Franky quería jugar. Los niños siempre queremos jugar. Y, bueno, Franky es muy grande y a lo mejor da un poco de miedo, pero solo es un niño. Así que cogió a su compañera y la tiró… pero no flotaba.

¿Por qué nadie siente pena por el pobre Franky que se quedó sin amiguita y sin juguetes? ¿Por qué nadie tiene en cuenta que el pobrecillo no dio más que lo que podía dar?

La película de la Universal, la de ese señor con nombre ruso, Karloff, que hicieron en 1931, no me gusta. Al final un montón de personas enfadadas que nunca se preocuparon de los sentimientos de mi amigo, queman el molino donde se había escondido ¡Y Frank muere quemado vivo! Pero no solo eso. El profesor, su padre, se casa y tiene un bebé con su esposa ¡Un bebé! ¿Qué pasará cuando el niño crezca? A lo mejor su padre también quiere quemarle si rompe un juego de café caro o si derrama tinta sobre una alfombra…

Hay otra película, en color, un poco más nueva. Un señor inglés, muy rubio y que se cree muy importante, Kenneth, lleva una capa roja preciosa y también crea un monstruo. Aunque este monstruo se parece mucho a un mafioso italoamericano, no sé por qué. Y creo que ha crecido, porque no parece un niño. De este no me hice amiga, porque no me necesita. Puede hacerse entender mejor que Franky.


Esta nueva criatura se siente sola, se siente herida, abandonada. Es un monstruo inteligente, sensible y consciente. A veces pienso que me gustaría presentárselo a Franky para que fuera su papá. Pero Franky no quiere. Estamos bien aquí juntitos. Jugamos, yo no me dejo atrapar cuando se nos acaban las flores y en mi caja tenemos muchos amigos de esos con algunos problemillas. Ya sabéis, como yo.


Si queréis haceros amigos nuestros, podéis venir a vernos aquí:



Frankestein

2 comentarios:

Mc y Maria dijo... at 15 de diciembre de 2012, 15:50

Me ha encantado leer la historia de Frankestein desde la perspectiva y los ojos de Pandora. Mc Encinas

Jesús Guzmán dijo... at 15 de enero de 2013, 11:42

Gran monstruo sin duda, con un final trágico. Desconocía que Pandora tuviera esa capacidad de oratoria... :P

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