jueves, 17 de enero de 2013

Internacional - Hermano mayor



Hermano Mayor

Aljandro Morales Mariaca





Djibunti, a tres kilómetros de Pretoria, Sudáfrica

Todo se fue al carajo. ¿Puedes creerlo?

Sí, todo se fue a la mierda. Pero lo que realmente me aterra es lo rápido que sucedió. Dos meses; bastaron dos meses para que todo se viniera abajo. ¿Puedes creerlo?

No, sé que no.

Y en este tiempo nadie ha sabido dónde o cómo comenzó todo esto. ¿Recuerdas como todos opinaban pero nadie sabía realmente una mierda? Algunos decían que comenzó en Rusia, otros decían que en China, otras más que en Iran y los más estúpidos decían que fue aquí, en África. ¿Te lo imaginas? Algunos sostenían que era por un virus o una cosa así; del resto mejor ni hablamos, eso de que el origen de todo esto es la radiación de un cometa, los marcianos o el maldito Día del Juicio son estupideces. Te lo digo, hermano, son desvaríos de locos.

Aunque claro, el que los malditos muertos se levanten de sus tumbas también es de locos.

Sí, el mundo se volvió loco, y nosotros junto con él. ¿Recuerdas cómo esos malditos blancos nos culparon a los negros de embrujarlos a todos con vudú? ¡Imbéciles! Que me parta un rayo si tengo pinta de haitiano. ¡Malditos, ojala que esas cosas los hayan devorado a todos!

Perdona. No debí molestarme. ¡Pero eran idiotas!

Ya no importa. Todos se han ido.

Yo creo que ese científico de la tele tenía razón, al menos parecía que sabía de lo que estaba hablando. Sí, yo creo que esto comenzó en Rusia y también creo que es por culpa de un virus. Sí, tuvieron que ser esos malditos rusos, ¡Los malditos rusos y sus malditos virus! Sabía que tarde o temprano ellos nos arrastrarían al infierno. Pero me equivoque, hicieron algo mejor, arrastraron el infierno a nosotros.

No me mires así, hermano. ¡No estoy loco! Tan sólo hay que mirar por la ventana. ¡Mira, los muertos devoran a los vivos! Si esto no es el infierno entonces no se que será.

¡Y luego esos malditos chinos!

¡Esos pobres chinos!

Tenían que ser tantos, mil millones de almas devoradas y ahora hambrientas. ¿Por qué no podían quedarse en su país? Al menos los rusos intentaron detener la infección volando sus plantas nucleares. Algo exagerado si me lo preguntas, porque no sirvió de mucho; sí, mataron a miles, pero había muchos más deambulando ya por todo el mundo.

Ahí fue cuando la cosa empezó a pintar mal de verdad. Los aviones dejaron de volar, se terminó el gas, la electricidad, la gasolina. Ya no había internet, celulares, computadoras, televisión, ni siquiera radio. El alcohol, el tabaco, las medicinas e incluso los alimentos comenzaron a escasear. Claro, no es que tuviésemos mucho de eso por aquí, pero el hecho de que existieran en el mundo me hacía creer que algún día los podríamos tener. ¡Pero ya no más!

Es una lástima.

¿Recuerdas lo que sucedió entonces? Ya no había información sobre el mundo exterior. Todos se volvían locos porque querían saber lo que sucedía. ¡Cómo si eso hubiese servido de algo! Sí, recuerdo bien los primeros días, todo era muy tranquilo, casi normal. Hasta que esos malditos podridos comenzaron a llegar. Al principio eran pocos, era fácil deshacerse de ellos, un buen golpe en sus asquerosas cabezas y todo terminaba. Pero pronto fueron más y más y más. Primero fueron cientos, después miles, venían de Pretoria y Johannesburgo. ¿Recuerdas como el viejo John se vistió de esa manera tan graciosa y los enfrento él solo? Pobre anciano loco, logró derribar a dos de ellos, pero eran demasiados. Sólo dejaron sus huesos secándose al sol.

Todo fue tan difícil después de eso.

Papá y mamá murieron, bueno, lo hicieron, ¿no? Al menos durante unas horas, y nos quedamos completamente solos hermano. Aún puedo recordar el rostro de mamá mientras intentaba morder mi pierna. ¿Qué más podía hacer? Me tomó horas quitar los restos de su cráneo de mis zapatos. En ese entonces deseé tener un arma y salir a la calle a matar a todos los podridos que se cruzaran en mi camino. Pero claro, aquí no es Estados Unidos, no hay armas en cada casa. Quizá fue lo mejor, no soy un vaquero y no habría podido avanzar ni dos calles antes de ser devorado.

Se acerca la noche. Los gemidos de esas cosas son peores por la noche. Juro que si paso más tiempo oyéndolos me volveré loco. Sé que sabes a lo que me refiero.

¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que vimos a alguien con vida? Creo que ya no recuerdo cuándo fue la última vez. Si no fuera por ti, hermano, estaría completamente solo, lo sabes, ¿no? Creo que los últimos fueron aquellos soldados de casco azul. ¿Cuántos eran? ¿Veinte? ¿Treinta? Prometieron volver por nosotros. Pero no han vuelto, ¿o sí?

Ésta es la última lata de comida. Pronto tendré que salir a buscar más. Pero cada vez hay más podridos allá afuera. La última vez recorrí cerca de la mitad del pueblo sin encontrar nada. Y esos malditos me persiguieron desde que puse un pie fuera de la casa, incluso algunos corrían para alcanzarme. ¡Maldición, que rápido corren esos desgraciados! Dos veces estuvieron cerca de morderme. Quizá deba esperar al anochecer, tal vez entonces tenga mayor oportunidad de evitarlos, aunque sin luna será imposible encontrar algo. ¡Carajo! ¿No pueden darnos una maldita oportunidad?
Lex

Estoy cansado hermano, muy cansado. No duraremos mucho más. ¡No! Deja de mirarme así. Sabes bien que no tenía más opción que amarrarte a la cama. ¡Intentaste morderme! ¿Qué más podía hacer? ¿Por qué tenias que salir solo a la calle? ¿Por qué dejaste que te mordieran? ¿Por qué no pudiste permanecer muerto?

2 comentarios:

Jesús Guzmán dijo... at 17 de enero de 2013, 10:49

Muy buen relato!! :)

Alejandro Morales Mariaca dijo... at 17 de enero de 2013, 17:35

Gracias. Y Max, siempre un placer participar...

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