jueves, 10 de enero de 2013

Lo último que se pierde





LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE
Carlos Mateos López

“…otro de los puntos negros de la ciudad se encuentra en el semáforo que regula el tráfico entre la rue Beaujon y la avenue Houche (…) Según un informe policial, al que ha tenido acceso este semanario, el citado lugar encabeza la lista de accidentes peatonales con resultado de muerte desde que iniciara la publicación de este tipo de estadísticas por parte de la gendarmería…”
“Enamorados con la muerte”, artículo de Sophie Byrka y Dephine Lechevallier en PARÍS MATCH, #2485 (14/02/1996)

Nada cambia si todo sigue igual y, sin embargo, no es éste un acto tan significativo como el que más, piensa. Y ante este pensamiento, ladea la comisura izquierda de la boca y se eleva unos centímetros sobre la punta de los pies. Como de costumbre, la ciudad recoge durante el atardecer el cansancio de aquel ímpetu matinal con el que había amanecido. El ruido centelleante de los automóviles, con su efecto Doppler apenas perceptible, le atrae como lo haría el rugido moribundo de las olas de un mar en calma. ¿Por qué sigo aquí? ¿Por qué mi alma no abandona este lugar? Y también, ¿qué tipo de acto es aquel que nunca ha sucedido? ¿Qué nombre recibiría? Mira una vez más el semáforo para peatones. El rojo le sumerge más en sus pensamientos. ¿Se puede expresar todo sin expresar nada? La figura humana ensangrentada en electricidad parpadea y, cinco segundos más tarde, fallece en la oscuridad. El verde le devuelve a la vida, a la movilidad.

Comienza a cruzar la avenida.

Le restan tan sólo cinco pasos para alcanzar la acera cuando la figura vestida de verde se desvanece por primera vez. A razón de un paso por parpadeo lumínico, aquella simultaneidad le delata. Todo se confirma justo cuando sus dos pies se detienen en la calzada y el semáforo para peatones cambia, una vez más, de verde claro a rojo chillón. Nada cambia si todo sigue igual, grita en silencio. A continuación, se da la vuelta y, sin embargo, no es éste un acto tan significativo como el que más.



1 comentarios:

Irene Comendador dijo... at 12 de enero de 2013, 4:46

La madre del cordero, nada más apabullante e inquietante (y todos los "antes" que quieras) para poner a una rubia insomne los pelos de punta como escarpias. Creo que me he enamorado, del texto, creo.

Publicar un comentario

 
Con la tecnología de Blogger.

Seguidores

POR CORREO