viernes, 22 de febrero de 2013

La puerta








Ilustración de Helena García


LA PUERTA

Las puertas no solo te llevan de una habitación a otra, de un sitio hacia otro si no también, pueden hacerlo, si tú eliges o te eligen ellas a ti, a otros mundos.

La raedura, el ser amorfo, donde reside aquella oscuridad que no deseas contemplar, también tiene ventanas; y a veces, por ellas, se cuela la fetidez que mora en ese mundo. No solo es una fetidez física si no también psíquica. Recordáis esa sensación que tenéis al entrar en un edificio, ese malestar, eso, lo produce la raedura. Y si nosotros podemos sentirla de este lado, porque creéis que los otros no pueden. La bruja piruja, el coco, el hombre del saco, habitantes todos de La Raedura. Ella vive, nace detrás de esa puerta…

Y esa puerta es la que todos nos construimos para encerrar en aquella habitación, todo lo que no queremos saber más de ello.

Imaginad conmigo, dentro de vosotros, una enorme puerta semejante a aquellas de los castillos. De enormes láminas de madera recién cortada, con goznes de plata o clavos de oro. Imaginad que en la habitación que custodia, introducís todo aquello que no queréis saber: cuando os rompieron el corazón por primera vez, el día que se murió aquella persona que amabais mucho o simplemente todo el rencor y odio que no deseáis tener en vuestra vida.

Y llega el momento de olvidarse de esa habitación, pero más aún, olvidaros de la puerta. Sin quererlo, pues así es el ser humano, se olvida hasta de que creamos la puerta. Y ella por supuesto, con el tiempo, después de descuidarla se aja, la madera se comba, se oscurece, pierde todo el color, el dorado se desluce, los goznes se ensucian o por la madera húmeda, empiezan a correr gusanos y el musgo, a invadir todo entre territorios de óxido.

Pero hay algo que no sabemos.

Detrás de esa puerta, en la habitación que hemos olvidado ha nacido algo. Mejor dicho ha venido algo. Todo lo que hemos guardado ahí ha traído a la raedura, pues lo que en esa habitación permanece es su alimento. Y creedme, la sentiréis. Como os corroe por dentro. Va comiéndose aquello que no queréis, pero más aún, ella crecerá y deseará salir. Atravesando esa puerta cada vez más olvidaba y por ende más descuidada. Y cuando lo haga, lo comprobareis. Os sentiréis como si perdierais algo, y al principio no será nada, pero al final cuando la raedura este en este mundo la sentiréis, sintiendo a otras. 

¿Recordáis esas sensaciones de ver por el rabillo del ojo, algo que no está ahí pero si está? Así es como se puede ver a la raedura, porque ella es tanto monstruo como mundo. Una dimensión de caos y muerte. Pero se pueden diferenciar, a veces. La raedura, es el monstruo, la llave para abrir un agujero en nosotros, en nuestra realidad y dejar paso a los zarcillos de La Raedura, un mundo donde el dolor es como el respirar. 

Para ella su permanencia en este mundo es por medio de nuestras emociones, la podréis ver, pero sobre todo sentir, cuando la raedura ha salido de vosotros o de alguien. Cuando esa puerta la ha traspasado y su masa amorfa está en este mundo. Se la puede ver como un televisor mal sintonizado, al principio solo la vemos por el rabillo del ojo pero, mientras aún, sigue consiguiendo poder de nosotros, ella va tomando forma monstruosa: pasa de convertirse en un fantasma, a una sombra desenfocada, con el mal sintonizado todavía, pero va tomando forma de su poseído. Hasta que al final lo fagocita, y se convierte en una sombra malvada de él. Pero antes de completarse, para poder subsistir en este mundo abre una brecha, una vagina en nuestro plano, hacia La Raedura, sé que no lo comprenderíais porque yo aún no lo comprendo es algo que un ser humano sólo puede sentir.

Y todo esto lo sé, me podéis creer o no creer. Pero ahora mismo, mientras termino de escribir esto, la siento como gime en aquel rincón. Anoche mientras dormía ella salió de mí, como un hijo nonato y se ancló en la esquina, rompió mi puerta y ahora desde ahí esa cosa esta chupándome la poca vida que me queda. Me cuesta mover los dedos sobre la dureza de las teclas de la vieja máquina de escribir, mientras pensaba que hacer he sentido como me hablaba tenía mi voz pero estaba distorsionada, ahora sé que también hablan al final, como si miles de insectos se movieran. Creo que si miro a la pared podré ver los zarcillos que salen por la grieta y, no me gusta el mundo que puede haber ahí dentro. Al menos tengo fuerzas y sé que si me pegó un tiro puede que esto acabe. 

No quiero que use mi piel como si fuera su disfraz.

Atentamente: 

Un loco.




William E. Fleming


William E. Fleming A Fucking Writer

Microclimas Parte I La Puerta Tetralogía en Primer Acto

Desde el abismo de mi mente


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